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Anton 61 31001 Pamplona
Entre la técnica y la capacidad expresiva dudo en elegir, suponiendo que debiera hacer, cuando contemplo la obra de matero. Me admira su capacidad de integrar en su pintura elementos ajenos a ella, que van desde papel impreso a cartones y trozos de tela. Lo curioso es que consigue fundirlos con el óleo, unificarlos y, para mayor alarde técnico, en ocasiones pinta lo que aparentemente está integrado, convirtiendo así su pintura en un alarde de capacidad imaginativa, incluso de engaño al espectador; hacerle creer que está pintando lo que no lo está, y de pintar lo que aparentemente forma parte del collage. Y lo consigue.
Y luego el otro factor atrayente, que es lo qeu nos cuenta a través de la pintura; nos habla de silencios, de apacibilidades, en una doble visión que va desde lo íntimo y propio a lo externo y ajeno. Sus interiores, vacíos de figura, nos presentan un sillón que conserva aún el calor del cuerpo de quien allí se ha sentado; un periódico que hace poco alguien leía; una taza de café que conserva aún el aroma... Todo vivo pero sin necesitar de la figura para entonar un canto a la vida. Una vida que no se desarrolla en el aislamiento ya que está en contacto con el exterior a través de ventanas que nos muestran la realidad de la ciudad, de los espacios abiertos, de los cielos con la suave mancha de nubes que presagian la llegada del buen tiempo.